Resiliencia

Todos pasamos por dificultades a lo largo de nuestras vidas. Algunas hieren profundamente, otras dejan marcas más o menos punzantes, y otras nos dejan cicatrices que son capaces de transformar nuestra forma de ser o nos impide ser la mejor versión de nosotros mismos.

Durante mucho tiempo, este proceso fue tratado como un “trabajo de luto”, el cual evocaba la terrible idea de que algo muere en nosotros cuando ciertos acontecimientos nos causan un dolor intenso. Sin embargo, en la década de 1990, el término “resiliencia” salió a luz, brindando una visión más positiva de la resistencia al sufrimiento y ofreciendo la oportunidad de superar las dificultades de forma constructiva.

 

¿Qué es la resiliencia según la RAE?

La palabra resiliencia, proveniente del verbo latino resilio (volver de un salto, saltar hacia atrás o volver atrás), es definida por la RAE como “la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

También podemos encontrar una segunda definición que denota la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”.

 

¿Qué es la resiliencia en términos psicológicos?

La resiliencia empezó a formar parte del léxico de la psicología y el desarrollo personal a partir de la década de 1940 con el trabajo de Emmy Werner y Ruth Smith, que estudiaron el comportamiento de niños con experiencias traumáticas.

Gracias a esto y con el pasar de los años, la resiliencia se ha definido como la capacidad  que  tenemos para adaptarnos y enfrentar situaciones desfavorables o traumáticas. De manera espontánea, podemos pensar que  se relaciona con  los aspectos más personales de la vida, como un luto, una ruptura, etc. Y si bien es cierto que la capacidad de resistencia nos ayuda a superar estos dolores, también nos es útil en otras áreas de la vida.

No solo nos ayuda a superar los sucesos dolorosos, sino que también nos permite aprender a adaptarnos a los cambios, nos hace curiosos, tenaces, empáticos; en resumen, es una habilidad humana que nos permite seguir adelante, y que debemos aprender para potenciar nuestra vida diaria.

En términos prácticos, podemos decir que la resiliencia ocurre cuando, por ejemplo, asumimos con fortaleza el sufrimiento causado por una enfermedad y hacemos todo lo posible para hacernos más fuertes en otros aspectos; cuando aceptamos la pérdida física de una persona cercana y seguimos adelante, o cuando aprovechamos experiencias difíciles para fortalecer nuestra autoestima y desarrollarla al máximo.

Y aunque podemos ejemplificar la resiliencia de otras mil maneras, de forma general este proceso advoca por la superación de una adversidad (personal, profesional, académica, familiar) o situaciones de dolor (perdidas de personas queridas, descubrimiento de enfermedades, entre otros).

¿Qué significa ser una persona resiliente?

Ser una persona resiliente o resistente significa tomar y aceptar  una serie de pensamientos, atribuciones y actitudes positivas, a partir de las experiencias, los éxitos y, por supuesto, los fracasos.

Estas son algunas de las características más resaltantes de una persona resiliente:

La confianza en sí mismo

Nuestra representación interna es lo que, en última instancia, determina nuestro comportamiento. Por lo tanto, si nos percibimos como demasiado pequeños, frágiles e  insignificantes, rara vez obtendremos algo positivo, algo que nos satisfaga y será difícil para nosotros enfrentar un desafío o una dificultad.

Sin embargo, para tener confianza en nosotros mismos y en nuestra autoestima, no hay más remedio que tener el coraje de enfrentar nuestros miedos, nutrir nuestra propia autoestima y dejar de lado muchas cosas que nos resten confianza.

Capacidad de control

No nos referimos al autocontrol como tal, sino a un control intermedio, donde somos plenamente conscientes de que no podemos controlar todo lo que sucede, o todo lo que pasa a nuestro alrededor.

La incertidumbre, aunque parezca terrible, es una manera maravillosa de no rendirse ante la falta de certeza y enfrentar con coraje todo lo que puede suceder.

Enfrentar los desafíos

Si hay algo que todos sabemos, es que los desafíos, los cambios y todas las variaciones en nuestra vida diaria están acompañados por el miedo, el estrés y la preocupación.

Sin embargo, una persona resiliente se caracteriza por una importante flexibilidad cognitiva y tolerancia a la ambigüedad. Su visión interior, tranquila y madura, le permite ver cada desafío no como una amenaza, sino como un momento para implementar sus recursos internos con el fin de participar en una confrontación positiva y efectiva.

Compromiso con sí mismo

El compromiso con sigo mismo y con otros en las personas resilientes va más allá de una simple razón beneficiosa. Su personalidad refleja una característica muy definitoria: un genuino compromiso social, sentido de comunidad o sociedad, y un deseo profundo de altruismo y apoyo social.

Gracias a esto, a menudo la mera presencia de una persona resiliente, con su actitud concentrada y relajada, puede reducir significativamente el impacto del estrés en ciertas situaciones sociales.

 

¿Cómo podemos desarrollar la resiliencia?

Aunque puede parecer algo complicado al principio, es muy posible desarrollar una buena capacidad de resiliencia. Para ello, hay que tener en cuenta lo siguiente.

Establecer buenas relaciones con las personas

Es decir, establecer una conexión fuerte con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo o incluso los padres de los niños que juegan con nuestros hijos.

Es importante crear un círculo social que nos permita ocupar nuestro horario libre, ya que es una parte importante de nuestro microsistema social.

Aceptar el cambio

No hay evolución sin cambio. E incluso si no deseamos evolucionar, el cambio se producirá por sí solo. Pero si nos adaptamos a él e implementamos estrategias más dinámicas,  que nos ayuden a diferenciar las circunstancias no modificables de nuestra vida, podremos mejorar todos los aspectos de ella y seremos más tolerantes a los inevitables cambios en el mundo.

Establecer objetivos alcanzables

Si queremos lograr un objetivo, no lo alcanzaremos apresurándonos. Tenemos que avanzar gradualmente, estableciendo metas pequeñas a corto plazo.

Si vamos paso a paso, nos sentiremos mejor y la victoria será más provechosa. Este es, sin duda,  el camino que debemos tomar.

Descubrimiento interno

Después de un duro golpe, debemos encontrar y fortalecer  la parte espiritual de nuestro ser, y leer y explorar nuestro cuerpo y mente, a través de diversas actividades. Una mente ocupada nos ayudará a evitar  malos pensamientos y nos ayudará a construir una base saludable que nos sea útil en el futuro.

Mantenerse en perspectiva

Si algo malo nos sucede, no significa que toda nuestra vida se está desviando, o que toda nuestra personalidad debe ser cuestionada. Es imperativo que delineemos bien el problema, para poder atacarlo desde el ángulo correcto y evitar que contamine toda nuestra existencia.

Motivarse a sí mismo

Cada persona es diferente. Algunos nos sentimos motivados por desafíos y otros por oportunidades de cambio.

Las personas resilientes saben cómo encontrar nuevas formas de alcanzar la satisfacción en sus vidas, manteniéndose siempre con un alto nivel de motivación y con un alto nivel de atracción de cosas positivas.

Después de reflejar estas características, es importante recordar que la resiliencia está presente en todos nosotros. La única diferencia entre los que son más y los que son un poco menos, reside en los aspectos que se ponen en práctica a diario.

Si intentamos enfocar las cosas desde otro punto de vista, los problemas se verán menos como sufrimientos y más como desafíos de la vida. Y, dependiendo de las circunstancias, incluso podrían ser disfrutables.

¿Qué es la resiliencia y cómo implementarla en nuestras vidas?
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